viernes, 22 de mayo de 2009

capítulo 2

La verdades de sangre

Así que cuando la fiesta termino, me acompaño a mi habitación, pero lo que me dijo no fue lo que me imaginaba.
- Dime, ¿nunca has notado nada raro en todas estas fiestas? ¿Algo que te llamara la atención tal vez?
- Bueno, si, nunca comen nada, sus pieles son muy pálidas, las fiestas siempre son de noche, tú nunca duermes aquí, y tus ojos parecen reflejar los demás colores.
- Y sin embargo nunca le prestaste atención… interesante, muy interesante…
- Es que ya me habitué a eso, vivo contigo desde que tengo 5 años…
- Bien, ¿crees en vampiros?
- Emm, no, al menos no como son en las películas…
- Bien, mañana creerás, ahora tengo que irme, se me hace tarde.

Esa mañana dormí hasta el almuerzo, y como siempre, Michelle me estaba acompañando, pero había algo raro, a pesar de que en la casa hacia calor, ella tenia puesta una pollera, cosa que encontré bastante extraño, ya que sabía que a ella no le gustaban, además se encontraba un poco demacrada…
- Que fiesta la de anoche ¿no?
- Si, estuvo muy linda, pero parece que a ti te afecto un poco, Mich…
- Si, esos parientes que tiene Marius… son bastante particulares ¿verdad? Y sin embargo, son tan atrayentes…
- Me parece que tienes novio nuevo, he Mich… dime, ¿Quién es?
- Daniel. Tuvimos un pequeño coqueteo anoche, pero no debería de estarlo contándotelo, eres muy pequeña se supone… (suspiro) esta noche vamos a salir nuevamente…
- Me parece excelente, y… ¿ya sabes como te vas vestir?
- Hay Christine, ¡es muy temprano aun!

Así seguimos discutiendo durante un tiempo, se había arreglado que ese día no tendría clases particulares, para que pudiera descansar, así que dimos un largo paseo por el parque con Michelle, hablando sobre diferentes cosas, de la vida en si. Fue un día hermoso, y con Michelle esperábamos que así también fuera la noche. Pero ninguna de las dos se esperaba lo que iba a pasar.

Daniel llegó a las 10 en un manto de oscuridad a buscar a Michelle, esta ya estaba lista y tenía puesto un sobrio vestido negro pegado al cuerpo, con sus bucles rubios cayendo en cascada, tenía unos pendientes negros pequeños y una cinta de terciopelo alrededor de su esbelto cuello. Estaba preciosa, y yo no fui la única en notarlo. Cuando termino de bajar las escaleras, Daniel tomó su mano y la beso en la parte inferior, justo donde empieza la muñeca – perfecta – fueron sus únicas palabras, y así salieron juntos de la casa.

Por otro lado yo me encontraba sumamente nerviosa por la charla pendiente que tenía con Marius, ¿como podía ser que el supiera lo que yo sentía? ¿Desde hacía cuanto lo sabía? Todos estos eran interrogantes que cruzaban y daban vueltas por mi mente. 10.30, Marius aún no había llegado. 11, 11.30, 12, lo mismo, pero Michelle tampoco volvía, aunque ella no me preocupaba tanto. A las 12.30 me fui a dormir, me puse un hermoso camisón de satén color rubí y sucumbí al sueño.

Labios que me besan, un cuerpo sobre el mío separado únicamente por la manta que me cubría, un leve gusto a óxido. ¿Quién era? Suavemente abrí mis ojos, no quería despertar, se sentía demasiado bien, pero por la misma razón no podía ser un sueño, las sensaciones que sentía eran demasiado reales, ahora los labios estaban sobre mi garganta, un mechón suave de cabello rubio, brillante como el oro sobre terciopelo rojo, esa simple imagen era suficiente para saber quien era la persona que me estaba besando,

- Mar… - las palabras mueren en mi boca al sentir una pequeña punzada, sin embargo el sentimiento de éxtasis que me sobreviene es demasiado fuerte como para preocuparme demasiado.

Instantes después el sentimiento de éxtasis desapareció y ante mis ojos se encontraba un sonrojado Marius.

- Buenas noches princesa.

- Buenas noches.

- ¿Ahora me crees? – sabía a lo que estaba haciendo referencia, una sola palabra cruzó por mi mente, vampiro – se que debes de querer explicaciones, ven conmigo

Me tendió su mano y lo seguí, hacia donde en realidad no lo sabía, verdad o mentira, iba a aceptar cualquier cosa que me dijera, pero yo lo sabía, la verdad no podía ser ocultada, el manto había caído y yo por fin veía la realidad.


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