lunes, 18 de mayo de 2009

Prefacio

Una mujer castaña peinándose frente al espejo. De aproximadamente 22 años. Ojos celestes rozando el violeta, hermosamente delineados en negro. Usaba un vestido rojo carmesí que se ajustaba a su figura y contrastaba perfectamente con su blanca piel, pero esa piel era demasiado blanca, sobrehumana y con un leve brillo perlado. La realidad era que en esa muchacha no quedaba nada de humana, sin embargo, era muy joven aún, hacía solo un mes que había muerto y renacido, y ahora se preparaba para su gran fiesta que se celebraría en su casa, o mas bien en la casa de Marius, su amado Marius. El nombre de aquella muchacha era Christine, y se estaba terminando de preparar para la fiesta, como la más joven tenía que lucir muy bien.
Alguien tocando la puerta de su habitación, Marius avisando que tenía que bajar. Sabía a quien vería, personajes tan familiares para ella y , sin embargo, tan desconocidos. Recién en esos momentos los vería como sus iguales.

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