Una mujer castaña peinándose frente al espejo. De aproximadamente 22 años. Ojos celestes rozando el violeta, hermosamente delineados en negro. Usaba un vestido rojo carmesí que se ajustaba a su figura y contrastaba perfectamente con su blanca piel, pero esa piel era demasiado blanca, sobrehumana y con un leve brillo perlado. La realidad era que en esa muchacha no quedaba nada de humana, sin embargo, era muy joven aún, hacía solo un mes que había muerto y renacido, y ahora se preparaba para su gran fiesta que se celebraría en su casa, o mas bien en la casa de Marius, su amado Marius. El nombre de aquella muchacha era Christine, y se estaba terminando de preparar para la fiesta, como la más joven tenía que lucir muy bien.
Alguien tocando la puerta de su habitación, Marius avisando que tenía que bajar. Sabía a quien vería, personajes tan familiares para ella y , sin embargo, tan desconocidos. Recién en esos momentos los vería como sus iguales.
Alguien tocando la puerta de su habitación, Marius avisando que tenía que bajar. Sabía a quien vería, personajes tan familiares para ella y , sin embargo, tan desconocidos. Recién en esos momentos los vería como sus iguales.



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